Como es ya tradición en algunos pueblos de nuestra Diócesis, donde la migración es una de las características de tales lugares, se aprovecha la visita de los hijos ausentes a las fiestas de Navidad y Año Nuevo para festejar a nuestra Madre del Cielo en su advocación de la Virgen de Guadalupe, pasando su festividad del 12 de diciembre al 12 de enero.

Uno de estos pueblos es el Valle de Guadalupe, que como cada año festejó a su Patrona. Durante un novenario que este año estuvo a cargo de la Familia Magaña Casilla, además de los hijos ausentes que siempre están dispuestos a colaborar para honrar a la Morenita.

El día de la fiesta se vio engalanado por la visita de Mons. Javier Navarro Rodríguez, Obispo de Zamora, quien administró el sacramento de la confirmación y la primera comunión a los niños y jóvenes que con entusiasmo se prepararon junto con sus padres y padrinos.

En su homilía, Mons. Navarro comentó que la Virgen tubo una misión especial en el plan de salvación de la humanidad, y para brindar la salvación al mundo escogió libremente, hacer que su hijo Jesucristo entrara a nuestra historia hecho hombre como nosotros. María tuvo el privilegio de ser elegida para que este plan de Dios se llevara adelante, si el Dios eterno se iba a ser hombre, necesitaba nacer de una verdadera mujer, por eso del vientre virginal de María brota este fruto bendito de su vientre como decimos en el Ave María, porque el hijo eterno del Padre se hace hijo de María en el tiempo, por eso tiene un cuerpo como nosotros que muerto resucita y resucitado vive para nunca más morir.

Dijo además que nada hay imposible para Dios, así como la anciana madre de Juan el Bautista pudo quedar embarazada, así como la jovencita de Nazaret, María, pudo quedar embarazada por obra del Espíritu Santo, para que sin perder su virginidad comenzara a vivir su maternidad. Nada hay imposible para Dios, por eso también los que celebramos a Santa María de Guadalupe vemos que en pleno invierno en el cerrito del Tepeyac, brotan rosas de castilla, mismas que el indio Juan Diego corta para llevarlas en su tilma como prueba de que es voluntad de la Madre del verdadero Dios por quien se vive, que le edifiquen ahí en el cerrito un templo para mostrarse piadosa madre nuestra y para oír las quejas y curar los llantos de todos los habitantes de estas tierras.

Para concluir la fiesta a la Morenita, hubo la ya tradicional quema de castillo acompañada de la banda de música en la plaza principal, sin faltar los antojitos mexicanos que los hijos ausentes de Valle de Guadalupe aprovechan para degustarlos y que mejor que en su entrañable pueblo.

Felicidades al P. José María Blanco, administrador de la Parroquia de Valle de Guadalupe y a los coordinadores de esta fiesta.