En Nuevo San Juan Parangaricutiro, los preparativos de la colorida fiesta 2018 iniciaron en los primeros días de septiembre, con la llegada de un sin número de peregrinos procedentes de diversos lugares del país, para festejar en grande al Señor de los Milagros, especialmente los días 14 y 21 de septiembre, este último denominado de la Octava.

Como en otras ocasiones, la comunidad parroquial organizó una novena de preparación a base de misas, rosarios y procesiones que atendieron el párroco y los sacerdotes vicarios, quienes además administraron en repetidas ocasiones los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión a numerosos grupos de peregrinos, a los que el equipo sacerdotal se encargó de atender pastoralmente de tiempo completo, sobre todo a los peregrinos procedentes de los estados de México, Jalisco, Puebla, Aguascalientes, Hidalgo, Querétaro y Sonora, sin faltar los michoacanos, especialmente de la Meseta Purépecha, que participaron en las diversas celebraciones eucarísticas junto con las comunidades y barrios que integran esta demarcación eclesiástica.

El día de la fiesta, al medio día se llevó a cabo la solemne concelebración eucarística presidida por Mons. Luis Castro Medellín, MSF, Obispo Emérito de Tacámbaro, a quien acompañaron en el altar el Sr. Cura J. Jesús Contreras Plancarte, los sacerdotes vicarios y algunos otros oriundos de este lugar. En la homilía, Don Luis se refirió al sacrificio, entrega y pasión de Jesucristo, quien murió en la Cruz para salvarnos, y resaltó el importante papel de este signo de Salvación en la vida de la Iglesia, especialmente en la historia del pueblo de San Juan, porque: “Cristo se sigue encarnando en el mundo, en los hombres y en el tiempo, sobre todo en cada palabra y acontecimiento de nuestras vidas, y nos ama tanto que ha entrado en nuestras vidas, especialmente en la de este pueblo”.

Como cada año, a las 4:30 de la tarde se realizó la tradicional bendición con la imagen principal del Señor de los Milagros, presidida por Don Luis Castro, en el santuario que se llenó a toda su capacidad. La festividad continúo entre la música de banda y el vaivén de los danzantes chichimecas que bailaron a las afueras del santuario durante todo el día, sin faltar la quema de cohetones, hasta terminar con la fiesta de la Octava.