Bella, Imponente, Rica en Símbolos, Solemne, Silenciosa, Congruente con el Misterio de Dolor y Cruz del Viernes Santo

Luz en las manos, silencio, luto representado en vestiduras negras y rematado con la tradicional sevillana que cubre la cabeza de las mujeres que sólo dejan asomar el rostro que expresa veneración, penitencia, devoción y solidario dolor con otra mujer, María Santísima, a quien en el Viernes Santo de manera especial se le venera en la advocación de la Dolorosa o de la Soledad.

No se trató de un desfile, ni mucho menos de un espectáculo: fue “La Primera Procesión del Silencio Para Mujeres” en Zamora. Tal como su nombre lo dice, fue una procesión. Nada nuevo: las tradicionales procesiones que vemos en Semana Santa, tienen su origen en las procesiones que, desde la antigüedad, ya se realizaban. Los judíos tenían procesiones en Pascua y las Fiestas de los Tabernáculos, y los primeros cristianos se reunían para llevar los cuerpos de los mártires hasta el Sepulcro.

La participación en una procesión significa un homenaje y un reconocimiento público a Jesús, a  la Virgen o a los santos, cuyas imágenes son portadas en andas. Siendo un acto público de fe, es una de las más sublimes manifestaciones externas y públicas; así, la fe pasa a ser pública y las calles se convierten en una Iglesia. Aunque las imágenes son el eje central del cortejo, son los penitentes los que le dan pleno sentido a la procesión con sus signos exteriores propios para manifestar y reflexionar el misterio cristiano.

En esta ocasión, fue sobria y utilizó los elementos básicos. Iba encabezada por la Cruz Alta de guía o la Cruz Parroquial, que fue portada por monaguillos de la parroquia. La cruz iba flanqueada por los ciriales que anuncian su presencia y dignifican el misterio de la cruz, especialmente el viernes, cuando Cristo fue crucificado. Tras ella, una cruz de madera de 4 ms de la que pendía un lienzo blanco, portada por 4 mujeres; luego la imagen de Nuestra Señora de la soledad, que llevaba en andas, respetuosamente, un grupo más de mujeres, y por último, el grueso de las mujeres que acompañaron, de manera ordenada en 4 filas, todas de luto y sevillana, en sus manos portando una luz: el camino hacia Cristo.

Muy significativo fue el tambor o bombo que resonó en el silencio, en esta ocasión, bajo la responsabilidad de una mujer. Es un verdadero lenguaje de comunicación ante el no uso del lenguaje normal; así, en la procesión, el tambor tocado lenta y rítmicamente, va expresando el sentir de todas las almas en procesión que se unen al misterio de Cristo en María Dolorosa, la Madre. Convoca a la comunión espiritual; además, le da un toque sentimental y emocional al séquito.

La procesión del silencio es una acción cristocéntrica, en la que se vive el misterio de la Cruz: Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesucristo, desde el dolor y soledad de María, su Madre; desde la angustia de la Madre que se incorpora al misterio de la cruz. donando a su propio Hijo para salvación de todos; misterio que inició con un “Sí” ante el Ángel Gabriel, que le anunciaba que sería Madre del Hijo de Dios y que 9 meses más tarde en Belén lo entregaría al mundo, pero el mundo se lo devolvió, 33 años después, bajado de la cruz para ser depositado , escuálido y sin vida, en su regazo de Madre. La Procesión del Silencio es una manifestación de fe, de piedad popular, que a través de los signos e imágenes representa los momentos culminantes de la Pasión y Muerte de Cristo. Es un homenaje de desagravio y amor, al acompañar en su dolor a la Virgen de la Soledad.

 Es muy difícil comprender esta procesión en toda su profundidad. Todo tiene su significado: los colores, las flores, los cirios, las luces, los silencios y los sonidos, creando esa armonía de misticismo propio del Viernes Santo, embalsamado con un toque de belleza y solemnidad. Así, la procesión del silencio de mujeres quiere ser, no una interpretación, sino la expresión del dolor envuelto en amor que nos invita a vivir en la esperanza, por eso se guarda silencio, porque se debe dejar que sean los signos los que hablen y acaricien el corazón humano. Tiene como marco un fundamento bíblico, cuyo eje conductor es la Vía Dolorosa de Jesús rumbo al Calvario y los Misterios Dolorosos del Santo Rosario.

Luego de que se viera insuficiente el espacio que ofrece el templo para albergar a las mujeres que en años anteriores se reunían para acompañar  a nuestra Madre Santísima en el rezo del Rosario de la Soledad, frente a un significativo y hermoso monumento, se ha pensado dar un paso más: salir del templo y manifestar tan hermosa devoción. Fue mucho tiempo de preparación: un comité conformado por mujeres de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, encabezado por su señor Cura,  asumió el evento religioso.

Esta primera edición de dicha procesión en Zamora quiere ser un espacio para todas las mujeres de buena voluntad que con profundo sentido de fe, quieren acercarse a María y crecer espiritualmente desde el misterio de la cruz de Cristo nuestro Redentor. Hay mucho camino por recorrer en las venideras semanas santas.

Gracias a los organizadores y pioneros en este acto de piedad popular, “verdadero tesoro del pueblo de Dios (…) que manifiesta una sed de Dios que sólo los sencillos y pobres pueden conocer (…) cuando se trata de manifestar la fe” (Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, pág. 27).

Lic. Salvador Bravo Garibay.