Por: José Antonio Villanueva Chávez

Es una celebración eucarística que cada año preside el Obispo, con todos los sacerdotes de su diócesis, durante la Semana Santa. Una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal, signo de la unión estrecha entre el Seminario y una Iglesia particular, porque en ella se consagra el santo Crisma; además, se bendicen los santos Óleos de los enfermos y de los catecúmenos. Esta ceremonia, también es conocida como la misa de los Santos Óleos o de la Consagración de los Óleos, ya que, al término de la celebración eucarística, algunos sacerdotes o agentes de pastoral, laicos o matrimonios delegados por cada parroquia reciben los santos Óleos, para llevarlos a sus comunidades, donde son administrados en la recepción de los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Unción de los Enfermos.

La ceremonia del 2022

En esta ocasión, la Misa Crismal se llevó a cabo el Jueves Santo, el 14 de abril pasado, ante un numeroso grupo de sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos que participaron en la liturgia especial de la Santa Iglesia Catedral de Zamora, en una ceremonia que comenzó en punto de las 10 de la mañana, transmitida por diversas plataformas digitales y presidida por nuestros pastores diocesanos Don Javier Navarro Rodríguez, Obispo Titular, y Don Francisco Figueroa Cervantes, Obispo Auxiliar. En esta ocasión, los lugares cercanos al altar fueron ocupados por varios presbíteros, especialmente los que celebran su 25 ó 50 aniversario de ordenación sacerdotal, así como los presbíteros ordenados en el 2021. Cabe resaltar, que entre los concelebrantes principales se encontraba el Pbro. Sotero Fernández Fernández, quien el pasado 12 de abril cumplió 70 años de ordenación presbiteral; además, en el servicio del altar estuvieron los diáconos Néstor Fernando Rodríguez Torres y Juan Carlos Hernández Jerónimo, quienes serán ordenados presbíteros, el próximo 7 de mayo.

El mensaje de Mons. Figueroa

En esta ocasión, la homilía estuvo a cargo de Don Francisco Figueroa, quien en su mensaje resaltó: “En el centro de esta celebración eucarística, nuestra Misa Crismal, constatamos juntos una alegre verdad, que brota desde lo profundo de nuestra fe; que El Espíritu Santo unge, abraza, santifica, penetra, acompaña y llena de la fuerza de Dios, necesaria para cumplir la misión. El Espíritu Santo unge a Jesús como el enviado del Padre, y como participación, en esta unción original unge también a los hombres y mujeres que se reúnen en torno al Maestro, como discípulos y misioneros del Reino”, destacando que: “La unción con este santo Crisma, es el factor que nos une a todos los que estamos aquí presentes, puesto que todos hemos sido ungidos con él, por eso conviene que nos preguntemos, ¿Qué significa ser ungido? ¿Qué importancia tiene la unción, en la edificación de la Iglesia de Cristo? El evangelio destaca que Jesús fue ungido por el Espíritu; ser ungido por Dios, no es sólo ser elegido para llevar un mensaje, implica sobre todo ser conformado con el mismo Dios, y con su deseo de dar vida plena a todos sin excepción, pero comenzando con los pobres, los que sufren, y los que viven prisioneros atados por distintos tipos de cadenas o de cárceles, nos basta para el ungido asumir el mensaje de quien lo envía, sino se deja grabar y plasmar su modo, su forma y por su espíritu, por eso de Jesús de Nazaret, el Ungido de Dios, verdaderamente hemos llegado al Padre, más allá de Jesús de Nazaret no hay pasos posteriores en el descubrimiento de Dios, o dicho con otras palabras que Dios no está detrás de Jesús, está en Jesús, el Dios silencioso y oculto cuya última realidad siempre se nos escapa, en Jesús se nos aclara y nos habla, nos dirige su Palabra hecha lenguaje humano a través de su vida, de sus gestos, de su actuación, de su mensaje y de su muerte en la cruz descubrimos quien es Dios”. Finalmente, alentó a los sacerdotes a ser pacientes y compresivos, con la certeza de que obrando de esta manera animarán a los fieles a ofrendar su vida a Dios, y deseó que Dios colme de abundantes bendiciones a todos los sacerdotes, religiosos y laicos, portadores del Mensaje de Salvación.   

La bendición de los santos Óleos

Después de la homilía, los presbíteros presentes renovaron sus promesas sacerdotales, así como los compromisos que asumieron el día de su Ordenación, recordando con este gesto la unidad que existe entre Cristo y su Iglesia. Además, en un rito especial se bendijeron los Óleos de los enfermos y catecúmenos, una mezcla de aceite de oliva y otros vegetales: el primero, un aceite que motiva a los que viven el misterio del dolor físico, y el segundo, para ungir a los que van a ser bautizados, ya que Jesucristo, por medio de este sacramento, da la fuerza necesaria para enfrentar los problemas, impulsándonos a luchar como verdaderos cristianos; los óleos fueron presentados por un grupo de laicos y un médico.

Posteriormente, se consagró el santo Crisma, que es un óleo perfumado, mezclado con aceite y bálsamo, que se utiliza para ungir a los que ya han sido bautizados, es decir, a los que son confirmados y a los que recibirán el sacramento del Orden; en la tradición más antigua, el Crisma se usaba para ungir a los reyes y sacerdotes, pero en la actualidad sólo cumple una misión especial, participando la función profética, sacerdotal y del reinado de Jesucristo, en la ceremonia fue presentado por 2 presbíteros que celebran 25 años de ordenación sacerdotal.

Antes de culminar la celebración eucarística, Don Javier Navarro dirigió un breve mensaje a los sacerdotes religiosos y diocesanos con los que comparte el ministerio sacerdotal en la Diócesis; felicitó a todos los presbíteros, en el día de la institución del Orden Sacerdotal, de manera especial los que celebran un aniversario significativo, y finalmente envío un saludo a los que se unieron a la ceremonia desde alguna comunidad, a través de las plataformas digitales, pues aún se vive la nueva normalidad, derivada de la contingencia sanitaria del COVID-10, señalando que “el compromiso de todos es edificante, porque nos anima a vivir con mayor fidelidad los valores del Evangelio, símbolo de una verdadera comunión diocesana”. ¡Felicidades a todos los presbíteros, y a los portadores de los santos Óleos!