Señor, las imágenes de los contagiados y de los que han muerto discurren inexorables ante nosotros para recordarnos la fragilidad humana, la precariedad de la vida, nuestra dependencia de ti y de los otros. En la oración nos apretamos en torno a los agentes sanitarios que, más que nadie, custodian a la humanidad herida, al que está atemorizado y angustiado, a las familias que invocan ayuda y esperanza.

En medio de la fatiga y del agotamiento, vuelve a levantarlos y estimúlalos para interpretar con renovado impulso su misión de curar, de cuidar y de confortar. Guía sus corazones para que irradien calor y ternura, bendice sus manos para que transmitan cercanía y alivio, inspira sus mentes para que pronuncien palabras sanadoras, actúa sobre su espíritu para que sepa irradiar calma y serenidad.

Haz, Señor, que sean el tabernáculo vivo que acoge a los desventurados heridos en el cuerpo y en el espíritu, dando testimonio de tu presencia y de la presencia de la comunidad solidaria. Dales sabiduría para ponderar, tenacidad y paciencia para resistir, humildad para aceptar sus propios límites.

 Ayúdales, en medio de la tormenta, a dar lo mejor de sí mismos, a colmar con la pasión las lagunas de la ciencia, a transmitir proximidad a los que luchan por la supervivencia, a comunicar con delicadeza las verdades dolorosas a los que aquí se quedan.

 Concede a estos ángeles de nuestros días sentir el afecto y la gratitud de toda la comunidad; dales nuevo vigor con el gotero espiritual de la abnegación y del optimismo; haz que tomen de esa fuerza que puede hacer frente a todo: el amor a ti y a los otros. Amén.

P. Arnaldo Pangrazzi M.I.