El tema del aborto vuelve a la escena pública y política de nuestro país. Hay una especie de obsesión compulsiva en una parte de la comunidad política que le impulsa una y otra vez a llevar el tema a la palestra.

El pretexto idóneo fue el Día Internacional de la Mujer -ahora cooptado por grupos ideológicos radicales que han convertido a esta celebración en el Día Internacional de lo Absurdo y de lo Vergonzoso-, acontecimiento que aprovecharon para colocar en los curules de todos los senadores del país, una pañoleta verde, símbolo de la lucha por el aborto, con el respaldo de legisladores del Movimiento Ciudadano y de MORENA.

El aborto es, en términos crudos pero reales, el asesinato de un indefenso en el vientre de su madre, así de simple y así de cruel. Quienes han tenido oportunidad de ver los procedimientos quirúrgicos que se utilizan para asesinar a un niño en gestación, quedan horrorizados y paralizados ante la crueldad del método y la indiferencia de quien lo ejecuta.

Hay escenas tan dramáticas en las que se observa cómo el mismo feto busca escapar de los instrumentos que amenazan con quitarle la vida: escenas dantescas que hieren la sensibilidad del más despiadado. ¿Cómo es posible, pues, que en aras de supuestos derechos se quiera legalizar el asesinato de un niño en gestación? ¿Cómo entender que haya mujeres y hombres, políticos y grupos de la sociedad civil que exijan que el gobierno pueda no sólo permitir sino subsidiar la barbarie? Los reclamos de éste y otros absurdos no son entendibles sin una estrategia: la manipulación del lenguaje.

Al final del día, el tema del aborto es un tema ideológico cuyos intereses últimos se remontan a los de fuertes grupos económicos y a los intereses de algunos grupos de poder. Como toda ideología, no resisten a la lógica, al raciocinio y la confrontación, y como toda ideología, para imponerse, convencer y subsistir, necesita manipular, el lenguaje, las cifras y la realidad.

No se entiende la Alemania de Hitler sin Goebbels, el gran orquestador de la propaganda nazi; no se entiende el genocidio impulsado por Joseph Stalin, sin todo el aparato manipulador de su régimen. No se pueden entender la legalización del aborto y el asesinato de menores, sin la manipulación masiva. Así pasa en México: han ido deconstruyendo el lenguaje de una forma progresiva, por ejemplo, dejando de utilizar la palabra aborto y sustituyéndola por la expresión “interrupción legal del embarazo” (ILE, por sus siglas), toda vez que la palabra aborto es fuerte y aún hace mella en la conciencia de un gran sector de la sociedad.

Sin más reparo y argumentos que sus intereses, suscriben el aborto como un derecho, para que “a priori” la sociedad asuma el tema como tal, y entonces surge el reclamo: el derecho al aborto. Tan se manipula el lenguaje que, incluso, hay un grupo que se atreve a denominarse “católicas” por el derecho a decidir.

Lo más grave es que frente a la evidencia contundente de la ciencia y de los descubrimientos de los especialistas en Genética, los promotores del aborto se refugian en conceptos como “reducción embrionaria”, “preembrión” y “aborto terapéutico”, que no tienen sustento científico alguno, pero son utilizados en el debate y enarbolados por los grupos llamados “pro choice”.

La manipulación del lenguaje, por sí sola, podría correr el riesgo de no ser exitosa, por ello acuden a otras estrategias: la primera de ellas, el aval del mundo “intelectual” o de la “academia”. Gente ligada al mundo de las universidades e investigadores, que utiliza los mismos conceptos para dar una especie de aval moral o sustento científico a los reclamos de la calle. Sorprende que la mayor parte de los estudios académicos que hay en nuestro país sobre el tema del aborto, no estén libres de la ideología, del lenguaje manipulador, incluso firmados por los grupos que cabildean en los congresos y presionan en las calles.

Evidentemente, el resultado no sólo es el aval a la ideología, sino además el descrédito académico de quienes osan oponerse a ella. Luego llenan los espacios en los medios masivos, tan proclives a la manipulación. El último paso lo dan los partidos políticos, casi siempre los de la izquierda más burda y radical, que ha renunciado a pensar y se ha instalado en la comodidad del reclamo y el progresismo. Ellos se encargan de subir el tema y sus promotores a la escena pública, para que se legisle en favor del aborto. Así se cierra el círculo y, el asesinato de un menor se convierte en progreso y en un derecho aplaudido por una sociedad manipulada.

Por: Arnold Omar Jiménez Ramírez