Vírgen de la Esperanza PDF Imprimir E-mail
Escrito por Roberto   
Sábado, 21 de Noviembre de 2009 09:39

NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA

ORIGEN DE LA IMAGEN

Existen dos versiones antiguas del origen de la Imagen. Una de fray Mateo Escobar escrita en la Michoacana Thebaida, en 1740, y otra de Dn. Antonio Villaseñor y Sánchez, publicada en 1748, en su Teatro Americano.

 Ambas coinciden en lo sustancial al referir que < por el años de 1685 vivía en Jacona un indio llamado Juan, compadre de otro llamado Mateo, que vivía en Pajacuarán; pescando ambos en la laguna de Chapala, sacaron y pusieron en su canoa una raíz de camichín que flotaba en el agua y en la que aparecía como una figura de mujer con un niño en el brazo. Mateo pensaba utilizarla para atizar el fuego, pero Juan se la pidió y la llevó a Jacona, donde quitándole algunas raíces, apareció con mayor perfección la imagen, a la que más tarde se le puso pasta y barniz en el rostro y las manos y le cortaron la raíz de la cual pendía el Niño, para poder vestir a las imágenes>.

 El Superior del Convento de San Agustín en Jacona, fray Jerónimo Sáenz, con varios vecinos acudieron a admirar la imagen en la choza del indio y comenzaron a llamar a la bendita imagen: Nuestra Señora de la Raíz.

 La imagen es diminuta, apenas de un metro con todo y la peana en que posa; es obra graciosa, sin obra de arte antiguo o moderno. Dice la tradición que el Niño, fruto de sus entrañas que originalmente tenía en sus brazos, se la llevó un fraile a España y la Señora quedó con <<el rostro elevado; fijos en el cielo los ojos, al modo como se retratan los bultos de la Asunción de Nuestra Señora>>.

 Antes de la Coronación de la imagen, la vestían como las imágenes coloniales con el vestido en forma de abanico abierto hacia abajo. A partir de la Coronación y hasta la fecha, lleva una camisa interior de lino bordado, un vestido encarnado bordado con hilos de oro, luego una tunicela blanca, el manto azul  más corto que el vestido. La cabellera está hecha de pelo natural.
La mano derecha está separada del cuerpo y en ella lleva una azucena; la izquierda completamente caída en actitud de imploración.
El rostro es redondo, la boca ligeramente entreabierta deja ver los pequeños dientes superiores. El  mentón se pierde casi con el cuello un poco grueso, pero sin hacer desaparecer la gracia del rostro hermosamente juvenil. Se le ponen aretes, anillos y collares.

 

 

EL PATRONATO SOBRE LA DIOCESIS

 

En 1943, durante el primer Sínodo Diocesano, presidido por Mons. Manuel Fulcheri y Pietrasanta, el Sr. Cura de Jacona, José de Jesús Rojas Gil, amantísimo devoto de la Virgen de la Esperanza, propuso la idea de pedir a la Santa Sede el Patronato de la Señora para la Diócesis de Zamora.

Fue aprobada la petición en el Sínodo y se pidió el voto de los fieles de toda la Diócesis en todas las Parroquias, pero Mons. Fulcheri murió en 1946. Su sucesor, Mons. José G. Anaya y Díez de Bonilla, desde su primera Carta Pastoral retomó la idea y en 1948 se volvió a pedir el voto de Sacerdotes y fieles para el Patronato.

En agosto de 1950 se elevaron las Preces a Roma y el 25 de septiembre siguiente el Papa Pío XII firmó el Breve Pontificio que rezaba: <desenado revivir en nuestros hijos la Esperanza en tan poderosa protectora, hemos querido de buen grado acceder a tales suplicas… en virtud de la plenitud apostólica por las presentes letras declaramos Patrona Principal, ante Dios Nuestro Señor de toda la Diócesis de Zamora, a la Beatísima Virgen María de la Esperanza>.


La imagen Vicaria recorrió toda la Diócesis despertando el fervor mariano durante todo un años. Precedió un solemne Novenario, vinieron peregrinaciones al Santuario, de todas las Vicarias Pastorales, y el 10 de febrero, por la tarde, fue llevada Santa Imagen en procesión a la Catedral de Zamora. La Calzada Jacona-Zamora fue un río humano.


El 14 de febrero de 1952 fue la proclamación del patronato. Presidió la Pontifical el Sr. Delegado Apostólico Mons. Guillermo Piani, predicó el Arzobispo Metropolitano Mons. Luis M. Altamirano. Asistieron 12 Obispos y Mons. Anaya, como Obispo Diocesano Pronunció el acto de consagración. Se dijo de aquel momento: que <tendría eco en la eternidad>.

Actualizado ( Martes, 24 de Noviembre de 2009 19:00 )
 

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